Hasta que los amigos de la Peña Cultural Flamenca decidieron poner el nombre de «Frasquito el Rubio» a su asociación, la mayoría de nosotros, y en especial los mas jóvenes, no lo habíamos oído nombrar: ¿Quién era ese personaje que los mas viejos aficionados al Cante no dejaban de elogiar?
Francisco Ayala Aguilera: Frasquito «El Rubio», apodo éste que le viene de su padre, nació en Alcalá del Valle el día 26 de Febrero de 1914, hijo de Francisco Ayala Saborido (asesinado en nuestra Localidad por el fascismo y la intolerancia, junto a otros muchos paisanos, durante la Guerra Civil Española suceso este que marcará a Frasquito, que pronto deja nuestro Pueblo para volver esporádicamente) y Ana Aguilera Romero.
Era un joven mas de su época, su familia, como la mayoría de las familias alcalareñas, vivía en la más menesterosa de las situaciones, es decir, sobrevivían a duras penas en la más absoluta miseria en la calle Cristo. Su carácter era alegre y extrovertido, llegando incluso a participar en las murgas callejeras que por aquellos años dirigía Antonio Caballero.
Se podría decir que el Cante vivía en él y pronto empezó a soltarlo, a la edad de 15 años tuvo ocasión de cantar con el célebre «Carbonerillo». Hay quién lo recuerda por aquella época...
«Niño, se disfrazaba de bailaora y arrendaba a las folklóricas del momento, para delirio de todos. Vamos, era un pan de rosas»
A principios de los 40, después de los trágicos sucesos de la Guerra Civil y empujado por el hambre, se marcha al Campo de Gibraltar (Estación de San Roque), done participó en numerosos festivales de la mano de las grandes figuras del momento.
Una de las anécdotas que se recuerdan de esa época sucedió un día en el que él y unos cuantos amigos decidieron ir andando desde la Estación de San Roque a Ronda, andando para oír cantar a la «Niña de los Peines». Esta sorprendida al verlos llegar, le preguntó: «¿Qué haces aquí, gaché?», a lo que respondió: «De peregrinos para verte cantar».
Durante esa época, años 40 y 50, nuestros paisanos también lo encontraron de jornalero en Jerez Uno de ellos me cuenta:
«Se encontraba a las puertas de un café, el y su hermano Corruco (otro magnífico aficionado), don de aquella noche actuaba un cuadro flamenco. Montaron tal «juerga» en la puerta, que nadie entraba a ver el espectáculo. Tanto es así que tuvo que salir el dueño del local a invitarlos a que pasaran. pues aquella noche era su ruina... Vamos aquí como los niños del Rubio, ninguno».
A mediados de los 60 emigró a Francia y posteriormente a Cataluña. Aunque este intervalo de tiempo no duró mucho, ya que a los pocos años volvió a la «España Coñí» como a él le gustaba llamar a su tierra. Donde siguió colaborando con los festivales de la zona, acompañado siempre de su buen amigo y guitarrista Salvador de Corte.
El 1 de Julio de 1989 falleció en la Estación de San Roque. Su voz inconfundible, melosa y agradable quedó para siempre en la memoria de los que tuvieron la suerte de oírla. Como también quedarán grabados en la memoria aquellos buenos ratos de flamenco que se creaban en el «Bar Morcilla» o en el viejo «Casino», junto a su hermano «Corruco», cuando esporádicamente volvía a Alcalá para ver a sus gentes.
Frasquito reunía todo lo intrínseco del tipo flamenco alcalareño: jornalero, emigrante y un saber natural en el cante y en el baile, así como un carácter muy alegre.
Me contaba su hija Carmen, la noche de la presentación de la Peña Flamenca en el Centro Cívico, que en sus últimos años, confinado como estaba en una silla de ruedas, nunca abandonó ese carácter y siempre estaba dispuesto a alegrar con alguna «flamenquería».
Padecía, además, el olvido del Pueblo que le vio nacer, crecer y que después lo despidió, como a muchos, a ganarse el pan por el mundo. Por eso estos amigos de la Peña han creado la Casa Flamenca de Alcalá, para que ni él ni ningún otro artista alcalareño se pierda en la memoria colectiva.
Una casa donde todos nuestros aficionados al Arte Flamenco tendrán un rincón, por haber sabido romper esas invisibles barreras de incomunicación que nos imponemos. Un rincón para esos aficionados que tan buenos ratos hicieron, hacen y harán pasar en nuestro Pueblo, sin buscar mas premios que la aprobación de sus gentes.
Alonso Fernández

